Con esta nota seguramente vas a sentirse identificado, porque en algún momento de tu vida has visto bostezar a alguna persona e inmediatamente has tenido un acto reflejo. Y la razón está aquí.

La clave está en la activación de la corteza motora del cerebro, según una investigación de la Universidad de Nottingham.

El estudio sugiere que la propensión al contagio se origina en la corteza motora primaria del cerebro, área responsable de la ejecución del movimiento a través de los impulsos neuronales. Los resultados arrojan luz sobre la base neural de este ecofenómeno (repetición automática de las palabras o acciones de otros), desconocida hasta ahora.

El hallazgo, publicado en la revista Current Biology, permitirá a los investigadores comprender mejor las causas de las enfermedades relacionadas con un aumento de la excitabilidad cortical y/o una disminución de la inhibición fisiológica, donde  los pacientes no pueden frenar los ecofenómenos más comunes: ecoalia, imitación involuntaria de palabras, y ecopraxia, imitación automática de acciones.

“Esta investigación ha demostrado que el impulso se incrementa cuando intenta detenerse. Utilizando la estimulación eléctrica se pudo aumentar la excitabilidad motora y, al hacerlo, aumentó la tendencia a contagiarse del bostezo, por lo que si en pacientes con Tourette pudiéramos rebajar la excitabilidad, reduciríamos los tics, y eso es en lo que estamos trabajando”, explica Georgina Jackson, profesora de Neuropsicología Cognitiva del Instituto de Salud Mental de Nottingham.